| EL SER HUMANIKI Nosotros y el espejo. Las obras que aquí muestro son las primeras de este nuevo e inconcluso grupo de imágenes. En el futuro esta sección será actualizada con nuevas obras quedando expuestas las más representativas. Lo primero que quisiera decir, es que pese a lo que pueda parecer, esta nueva sección de obras llamda "El ser humanikí" no es, en sí, una unidad diferenciada sino contigua. Una consecución de la obra anterior; grupo de obras que en su momento llamé" Autorreconstrución". El límite que define las obras que pertenecen a cada grupo ha sido algo difícil de definir por el hecho antes citado de ser producto de una progresiva evolución en la actitud creadora. Así no existe un salto ni diferencia cualitativa entre algunas obras que pertenecen a diferentes grupos. Dado que algunas imágenes de la obra nueva al evolucionar llegan a mostrarse como algo bastante diferenciado de la obra anterior, me siento más cómodo reuniéndolas en grupos diferenciados que se puedan entender como unidades. La raíz temática motora de toda esta obra sigue siendo la misma; El sufrimiento que las personas se autoinfringen para cumplir los cánones y extereotipos impuestos en una comunidad, actitud que retroalimentamos y proyectamos también sobre los demás. Un juego de discriminaciones, complejos y psicopatías en su gran mayoría estéticas además de clasistas. Si en la obra anterior "Autorreconstrucción" la idea central que se puede percibir es la reconstrución de uno mismo en el trágico esfuerzo de cumplir los cánones y valores para nuestra aceptación social, en este nuevo grupo de obras ocurre que la visión ya no es tan egocéntrica y se abre a otro mundo de deseos estéticos más generales. Creo que en "El ser humanikí" hay sensaciones de interpretaciones más abiertas que pueden pertenecer indudablemente a lo más íntimo pero también a espacios psíquicos comunes. No se trata tanto la reconstrucción de sí mismo sino de la construcción del engendro "ideal" que no puede ser más que una proyección de lo "ideal" o de nuestros deseos. Una monstruosa creación bella. A veces basta con mirar un maniquí, sentir, mirar a otra persona que contempla también el maniquí y sentir de nuevo. En ese momento, detrás de esos ojos están pasando muchas de las cosas que aquí, aunque bien quisiera, nunca podría llegar a explicaros. El diseñador de maniquíes, cuando crea su proyección de ser humano en ese material plástico, ¿mediante qué está intentando satisfacer los deseos de belleza de quien lo contempla? ¿Es la esta "percha" un espejo del observador o el espejo de sus deseos? Y por último y más trágico: ¿Esto le indigna o le averguenza al espectador? ¿Desentierra el hacha de guerra o se esclaviza? Pero no me hagáis mucho caso. Ricardo Laspidea |